Se cumplen 61 años del vuelo de HAM: el primer chimpancé en operar una nave de la NASA para volver a la tierra

Ocurrió el 31 de enero de 1965. Fue en una cápsula de la misión Mercury que permaneció 16 minutos en el espacio. Su vuelo fue clave para que se tomara la decisión de enviar humanos.

En 1983, cuando el Smithsonian National Air and Space Museum de los Estados Unidos anunció que exhibiría en una de sus salas el cadáver de un chimpancé llamado Ham se desató un verdadero escándalo que dio lugar, incluso, a editoriales en los diarios y a una amplia cobertura en las cadenas de televisión. “Hablando de precedentes espantosos, el de Ham debería ser suficiente para poner nervioso a cualquier veterano espacial cuando piense cómo lo van a tratar después de su muerte”, publicó The Washington Post en una columna sobre el asunto. Otros medios se pronunciaron con palabras parecidas. La mención a los veteranos espaciales, es decir, a los astronautas, no era gratuita sino totalmente intencionada, porque Ham no solo fue un mono astronauta sino que fue su viaje alrededor de la órbita terrestre el que creó las condiciones para que los astronautas humanos pudieran volar al espacio exterior.

Su involuntaria hazaña —porque a Ham nadie le preguntó si quería abordar una nave espacial—, databa del 31 de enero de 1961 y significó un hecho bisagra en la conquista del espacio. A principios de la década de los ’60, las tensiones de la Guerra Fría estaban en uno de sus puntos más altos y se manifestaban a los ojos del mundo no solo con posicionamientos geopolíticos sino —y de manera mucho más visible— en dos competencias que no tenían nada de deportivas: la carrera armamentística y la espacial. Para Estados Unidos y la Unión Soviética, poner el primer hombre en el espacio era un objetivo estratégico y quien lo lograra antes se anotaría una victoria tecnológica y científica sin precedentes que, además, sería una demostración de poder. Todo valía en la disputa por la hegemonía entre las dos grandes potencias de la época.

Animales al espacio

Para 1961, tanto la Unión Soviética como Estados Unidos llevaban más de una década enviando animales al espacio. El primero fue Albert I, un macaco que la NASA hizo despegar el 11 de junio de 1948 y perdió la vida en el intento. Después de él siguieron más monos, ratones, conejos y perros. De esa etapa, el animal astronauta cuyo nombre todavía hoy se recuerda es Laika, una perrita callejera lanzada en la cápsula Sputnik II por los soviéticos en 1957 que murió pocas horas después del despegue debido al estrés y las altas temperaturas.